Blancanieves y los 7 enanitos

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La bella durmiente

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El gato con botas

Al morir un molinero, dejó por herencia a su hijo tan solo un gato. Pero éste dijo a su amo. -No te parezca que soy poca cosa. Obedéceme y verás.

Venia la carroza del rey por el camino. -Entra en el río -ordenó el Gato con Botas a su amo, y gritó: -¡Socorro. ¡Se ahoga el Marqués de Carabás!

El Rey y su hija mandaron a sus criados que sacaran del río al supuesto Marques de Carabás, y le proporcionaron un traje seco, muy bello y lujoso.

Le invitaron a subir a la real carroza, y adelantándose el Gato por el camino, pidió a los segadores que, cuando el rey preguntara de quien eran aquellas tierras contestaran «del Marqués de Carabás».

Igual dijo a los vendimiadores, y el rey quedó maravillado de lo que poseía su amigo el Marqués.

Siempre adelantándose a la carroza, llegó el gato al castillo de un gigante, y le dijo: -He oído que podréis convertiros en cualquier animal. Pero no lo creo.

¿No? Gritó el gigante. -Pues convéncete. Y en un momento tomó el aspecto de un terrible león. -¿A que no eres capaz de convertirte en un ratón?

¿Cómo que no? Fíjate. -Se transformó en ratón y entonces ¡AUM! el Gato se lo comió de un bocado, y seguidamente salió tranquilo a esperar la carroza.

¡Bienvenidos al castillo de mi amo, el Marqués de Carabás! Pase Su Majestad y la linda princesa a disfrutar del banquete que está preparado.

El hijo del molinero y la princesa se casaron, y fueron muy felices Todo este bienestar lo consiguieron gracias a la astucia del Gato con Botas.

F I N

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El libro de la selva

Existe una antigua leyenda india en la que se cuenta que un niño fue amamantado y criado por una familia de lobos. Negrita, una pantera, lo encontró un buen día envuelto en unos viejos pañales y lo llevó a la madriguera de los lobos.
-Señora Luba, como usted acaba de tener cachorrillos podrá criar a este cachorro de hombre que me he encontrado en la selva, ¿verdad que sí?
La familia lobuna estuvo de acuerdo y con ellos se quedó; Bien es verdad que Negrita vigilaba de que a Mowgli, como llamaban al niño, no le ocurriera nada malo. Así pasaban los años, el cachorro de hombre tenía ya diez, y era un chicarrón fuerte y listo.

-Negrita, vamos a jugar como todos los días ¿Quieres?

-Pues claro Mowgli, móntate sobre mis espaldas, hoy vamos a dar un paseo muy largo……………
El largo paseo que pensaba dar negrita, era llevar al niño al poblado de hombres más cercano que estaba situado a la orilla de un río, fuera de la selva, muchos kilómetros más al sur. Había llegado a la conclusión de que el niño ya no podía vivir por más tiempo en la madriguera de los lobos y muy a su pesar, mamá loba, tuvo que reconocer, que era lo mejor para Mowgli, llevan varias horas andando.

-¡Jo, negrita!, hoy dura mucho el paseo, ¿Cuándo llegamos? Estoy muy cansado………..
Negrita explicó a Mowgli a dónde se dirigían.
-Pues, yo no quiero ir, yo quiero quedarme en la selva con los lobos y contigo.
-Pero Mowgli, piensa, ya no puedes estar más tiempo…….
-Pues yo no voy, ya está…
De un salto se bajó de Negrita y a todo correr se internó en la selva.

Anduvo perdido mucho tiempo. En una ocasión, una gran serpiente le paró a mitad del camino, y con su mirada hipnótica, ya había inmovilizado al pequeño…..Iba a engullirle cuando se presentó negrita, que había seguido el rastro de Mowgli.
-¡Asquerosa serpiente! ¡Suéltale ahora mismo!
Y dando un zarpazo a la serpiente en su cabezota, ésta soltó su presa al tiempo que se alejó refunfuñando…..
-¿Qué ha pasado Negrita?
-¿Qué ha pasado? Pues que la serpiente te había dormido y ya iba a engullirte…..Menos mal que he llegado a tiempo, que sino…….Anda, vamos a subirnos a ese árbol para dormir un poco, que se ha hecho tarde.
-Bueno, pero yo no quiero ir al poblado de hombres……..
-Cállate y duerme….Ya hablaremos mañana de eso….
Pasaron la noche en la copa del árbol, y a la mañana siguiente…….
-¡Ei, hop, ei, Aro!, ¡Ei, hop, ei, Aro!, ¡Ei, hop, ei, Aro! Pelotón…..¡Altoooooo! ¡A ver esas filas, marcar bien el paso!

Un elefantito chiquitín que iba en la cola de la formación agarrado con la trompita a la cola de su mamá, se puso a jugar con Mowgli, que había descendido del árbol.
-¡Esa cola, silenciooooo! ¿Es que no saben que en la formación no se habla? ¡A callar!……¡De frente….! ¡Ei, hop, ei, Aro!, ¡Ei, hop, ei, Aro!, ¡Ei, hop, ei, Aro!

Los elefantes se alejaron desfilando y marcando el paso, lo que aprovechó Mowgli para

escapar, negrita corrió tras él,…. tan alocadamente corría que al rodear una piedra………….
-¿Pero qué es esto? Anda….., si es el cachorrillo de hombre, ¿qué haces tú por aquí?
A la carrera se acercó negrita…….
-Hola Baloo, oso bobo……¿no ves por donde vas? Casi atropellas a Mowgli…….
-Pero si es él, quien me ha atropellado a mi……casi me sienta de culo……Oye, oye….oye, y ¿a dónde ibas tú tan deprisa, pequeñajo?
-Quería escaparme de negrita, que quiere llevarme al poblado de los hombres y yo no quiero ir……
-Pues te quedarás conmigo, ya está, yo te enseñaré todo lo que debe saber un buen oso para vivir en la selva.
Cualquier cosa le parecía bien a Mowgli con tal de no ir al poblado, así que aceptó a pesar de las protestas de Negrita.
-Eso, eso…¡Viva! Negrita qué pesada eres…….
Negrita se alejó, aunque no mucho de los nuevos amigos……
-Si quieres coger un coco, das un culetazo así a la palmera y….ves, para abrirlo no tienes más que darle fuerte contra tú cabeza……así.
Mowgli trató de imitar a Baloo pero…….
-¡Ay! joooo, que duro está….mira que chichón me ha salido.
-Trae, trae, yo lo partiré….¿ves? ya está, luego si quieres levantas una piedra como esta y ¿ves?, debajo hay hormigas, están más ricas……..
-¡Qué asco! Yo no quiero hormigas, pican y hacen cosquillas, además huelen mal.
-Si te pican te rascas contra el tronco de un árbol, mira, mira como hago yo, ¿ves?
-Ya, pero…..como yo no tengo tu piel, me despellejaría. Estoy empezando a darme cuenta de que eres un oso bobalicón Baloo.
-Bueno es que….jajaja…..sí……jajaja….claro….tienes razón….
Negrita, que seguía de cerca las andanzas de Mowgli, rezongaba:
-Pues sí que le vas a enseñar bien, no me alejaré mucho por si acaso.
-Oye he tenido una idea……vamos a bañarnos…
-Pero si yo no sé nadar…
-No importa yo me tumbo panza arriba, así, ¿ves? Anda, salta sobre mi barriguita, ¿jajaja eso es, jajaja qué divertido!
Los dos amigos lo pasaban en grande, chapoteaban, jugaban con el agua, se hacían mil diabluras y eran felices.
-“…..Qué bien se vive en la selva, puedo nadar y jugar, y hacer cosquillas al oso que muy cariñoso se pone a bailar…..”
-Que cachorrillo más majo……no…¡cosquillas no!¡cosquillas no!
-“…No quiero irme al poblado, siempre he vivido yo aquí, es más bonita esta vida, buscar mi comida, jugar y reír”.
Así, cantando y jugando, se dejaban arrastrar por la corriente hasta que llegaron a un remanso donde quedaron varados en la arena de la orilla. Lo que ellos no sabían era que el terrible tigre Tigerkan, un enorme tigre de bengala, devorador de hombres, hacia rato que los seguía por la orilla, este tigre tenía animadversión hacia Mowgli, y había jurado devorarlo, sólo esperaba una oportunidad. Tumbados en la arena, se quedaron dormidos, al cabo de un tiempo Mowgli despertó.
-¡Ascuas! ¿Quiénes sois vosotros?
-Somos una colonia de buitres y estamos tristes porque nadie nos quiere, ¿quieres ser tú nuestro amigo?
-Pues claro que quiero, a mí me gusta ser amigo de todos los animales de la selva.
Los buitres se pusieron muy contentos y jugaron con Mowgli al corro y a mil juegos más, estaban tan distraídos, cuando de repente……
-¡Jo, tigre! ¡Qué susto me has dado!
-Vaya, vaya, al fin te encuentro, ¡y que no tenía yo pocas ganas de pescarte…….!
-Pues habrás de saber que no te tengo miedo…
-¡Que no tienes miedo del gran Tigerkan….! ¡Imposible!
-Pues es verdad, no te tengo miedo.

El devorador de la selva, abrió sus enormes fauces dejando ver sus afilados colmillos al tiempo que con sus aceradas uñas, hacía profundos surcos en el tronco de un árbol.
-Pues has de saber que voy a devorarte. Sin embargo para divertirme un poco más contaré hasta diez.
Y tapándose los ojos, como hacen los niños cuando juegan al escondite, empezó a contar…..uno…dos…tres….Mowgli aprovechó este tiempo para despertar a Baloo.
-¡Baloo, Baloo!
-¿Qué, qué…..qué…..qué pasa?
-El tigre……Baloo………
-Este animal no deja a nadie en paz.
-……9….y 10. Ahora verás…..¡Uahhhhhhhhh!
Se volvió y se dio de bruces con el oso que tras su corpachón, escondía al pequeño Mowgli. Entablaron feroz combate; Los buitres tomaron partido por Baloo, quien no obstante su valentía, pronto se vió, fuera de combate por la fuerza y astucia del tigre, no obstante éste quedó aturdido por un golpe que le propinó Mowgli en el morro. Durante la pelea, el cielo se fue encapotando y no tardó en aparecer el rayo seguido del estruendo de los truenos. Un rayo precisamente, prendió fuego a un frondoso árbol. El jefe de los buitres dijo a Mowgli:
-Aprovecha la ocasión, Mowgli, pues el fuego es lo único que los tigres temen, coge una rama ardiendo y átasela a la cola, nosotros le distraeremos.
El malvado tigre Kan estaba recobrando la conciencia. Mowgli cogió una rama ardiendo y se acercó al tigre que trataba de librarse de los picotazos y aletazos que le propinaban los buitres, y rápidamente se la ató a la cola.
-Ya está, soltadle.
Cuando el tigre se vió con las ascuas chisporroteándole en la cola, emprendió una veloz carrera y nunca más se le volvió a ver por aquel lado de la selva. En ese momento apareció Negrita que se acercó a Baloo que estaba caído.
-¿Así es como ibas a cuidar a Mowgli, eh?
-A buenas horas vienes, si llego a esperar tu ayuda, estoy fresco……
-Comprenderás ahora que tenía yo razón cuando decía que el niño tenía que estar con los suyos, los hombres en el poblado.
-Tienes razón, me cuesta reconocerlo, pero ahora veo que tienes razón.
Y sin decir nada a Mowgli, de hacia donde se dirigían, se encaminaron al poblado que no estaba lejos, cuando iban a llegar, vieron a una niña que estaba en el río llenando un cantarito de agua.
-Anda, ¿y tú quien eres que no te he visto nunca?
-Me llamo Nenúfar, y soy una niña, ¿es que no has visto nunca a una niña?
-Pues no, ¿ y qué haces aquí?
-¡Anda! Que pregunta más tonta, ¿no lo ves? Llenando un cántaro de agua.
-¿Me dejas que te ayude?
-Pues claro, ven y conocerás a mis hermanos.
Y así charlando, charlando, Mowgli se adentró en el poblado, mientras, Negrita y Baloo se miraron entre ellos y se guiñaron un ojo, como diciendo “misión cumplida”, y despacito, despacito, se internaron en la selva, dejando a Mowgli entre sus compañeros de raza, que era donde debía estar.

FIN

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La sirenita

En el fondo de los océanos había un precioso palacio en el cual vivía el Rey del Mar junto a sus cinco hijas, bellísimas sirenas. La más joven, la Sirenita, además de ser la más hermosa, poseía una voz maravillosa. Cuando cantaba, todos los habitantes del fondo del mar acudían para escucharla.
Además de cantar, Sirenita soñaba con salir a la superficie para ver el cielo y conocer el mundo de los hombres, como lo relataban sus hermanas. Pero su padre le decía que solo cuando cumpliera los 15 años tendría su permiso para hacerlo.

Pasados los años, finalmente llegaron el cumpleaños y el regalo tan deseados. Sirenita por fin pudo salir a respirar el aire y ver el cielo, después de oír los consejos de su padre: “Recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo. Somos hijos del mar. Sé prudente y no te acerques a los hombres”. Y al emergerse del agua Sirenita se quedó de boca abierta. Todo era nuevo para ella. Y todo era hermoso, ¡fascinante! Sirenita era feliz.

Pasados unos minutos, Sirenita pudo observar, con asombro, que un barco se acercaba y paraba. Se puso a escuchar voces. Y pensó en lo cuanto le gustaría hablar con ellos. Pero miró a su larga cola y comprendió que eso era imposible. Continuó mirando al barco. A bordo había una gran fiesta de aniversario. El capitán del barco cumplía veinte años de edad. Sirenita se quedó atónita al ver el joven. Era alto, moreno, de porte real, y sonreía feliz. La sirenita sintió una extraña sensación de alegría y sufrimiento a la vez. Algo que jamás había sentido en su corazón.

La fiesta seguía hasta que repentinamente un viento fuerte agitó las olas, sacudiendo y posteriormente volcando el barco. Sirenita vio como el joven capitán caía al mar. Nadó lo que pudo para socorrerlo, hasta que le tuvo en sus brazos. El joven estaba inconsciente, pero Sirenita nadó lo que pudo para llevarlo hasta tierra. Depositó el cuerpo del joven sobre la arena de la playa y estuvo frotando sus manos intentando despertarlo. Pero un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a refugiarse en el mar.

Desde el mar, vio como el joven recobraba el conocimiento y agradecía, equivocadamente, a una joven dama por haberle salvado la vida. Sirenita volvió a la mansión paterna y les contó toda su experiencia. Después pasó días llorando en su habitación. Se había enamorado del joven capitán pero sentía que jamás podría estar con él.

Días después, Sirenita acudió desesperada a la casa de la Hechicera de los Abismos. Quería deshacerse de su cola de pez a cualquier precio. Y hicieron un trato: Sirenita tendría dos piernas a cambio de regalar su hermosa voz a la hechicera que le advirtió: “Si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola”. Asintiendo a las condiciones de la hechicera, Sirenita bebió la pócima mágica e inmediatamente perdió el conocimiento. Cuando despertó se encontraba tendida en la arena de la playa, y a su lado estaba el joven capitán que intentaba ayudarla a levantarse. Y le dijo: “te llevaré al castillo y te curaré”.
Durante los días siguientes, Sirenita pasó a vestirse como una dama, y acompañaba al príncipe en sus paseos. Era invitada a los bailes de la corte pero como no podía hablar, no podía explicar al príncipe lo que había sucedido en la noche que le salvó.

El príncipe no paraba de pensar en la dama que pensaba haber salvado su vida y Sirenita se daba cuenta de eso. Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, avistaron un gran barco que se acercaba al puerto. El barco traía a la desconocida que el príncipe llevaba en el corazón. Corrió entonces a su encuentro. Sirenita sintió un agudo dolor en su corazón. Y sintió que perdería a su príncipe para siempre.

El príncipe enamorado, pidió a la desconocida dama en matrimonio y al cabo de unos días se celebró la boda. Al día siguiente fueron invitados a hacer un gran viaje por mar, acompañados también por la sirenita. Al caer la noche, Sirenita, recordando el acuerdo que había hecho con la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar, hasta que escuchó la llamada de sus hermanas.

– ¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico. ¡Tómalo y esta noche, mata al príncipe! Si no haces, podrás volver a ser sirena como antes. Sujetando el puñal, Sirenita se dirigió hacia el camarote de los esposos. Pero cuando vio el príncipe durmiendo, no pudo matarlo. Arrojó el arma al mar y se lanzó a las olas. Pero, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo.

Amanecía, y las nubes se teñían de rosa y la sirenita oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas. Vio seres mágicos y al notar que había recobrado la voz les preguntó: “¿Quiénes son?” Y le contestaron:
– Somos las hadas del viento y estás con nosotras en el cielo. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos. Emocionada, Sirenita miró abajo, hacia el mar. Se sentía viva. Y levantando los brazos al cielo lloró por primera vez. De ahora en adelante, se dedicaría a llevar socorros y consuelos a la gente que os necesita. Llevaría una vida mágica, junto al mundo de los espíritus y de los hombres.

FIN

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Pinocho

En una vieja carpintería, Geppetto, un señor amable y simpático, terminaba más un día de trabajo dando los últimos retoques de pintura a un muñeco de madera que había construído este día. Al mirarlo, pensó: ¡qué bonito me ha quedado! Y como el muñeco había sido hecho de madera de pino, Geppetto decidió llamarlo Pinocho.

Aquella noche, Geppeto se fue a dormir deseando que su muñeco fuese un niño de verdad. Siempre había deseado tener un hijo. Y al encontrarse profundamente dormido, llegó un hada buena y viendo a Pinocho tan bonito, quiso premiar al buen carpintero, dando, con su varita mágica, vida al muñeco.

Al día siguiente, cuando se despertó, Geppetto no daba crédito a sus ojos. Pinocho se movía, caminaba, se reía y hablaba como un niño de verdad, para alegría del viejo carpintero. Feliz y muy satisfecho, Geppeto mandó a Pinocho a la escuela. Quería que fuese un niño muy listo y que aprendiera muchas cosas. Le acompañó su amigo Pepito Grillo, el consejero que le había dado el hada buena.

Pero, en el camino del colegio, Pinocho se hizo amigo de dos niños muy malos, siguiendo sus travesuras, e ignorando los consejos del grillito. En lugar de ir a la escuela, Pinocho decidió seguir a sus nuevos amigos, buscando aventuras no muy buenas. Al ver esta situación, el hada buena le puso un hechizo. Por no ir a la escuela, le puso dos orejas de burro, y por portarse mal, cada vez que decía una mentira, se le crecía la nariz poniéndose colorada. Pinocho acabó reconociendo que no estaba siendo bueno, y arrepentido decidió buscar a Geppetto. Supo entonces que Geppeto, al salir en su busca por el mar, había sido tragado por una enorme ballena.

Pinocho, con la ayuda del grillito, se fue a la mar para rescatar al pobre viejecito. Cuando Pinocho estuvo frente a la ballena le pidió que le devolviese a su papá, pero la ballena abrió muy grande su boca y se lo tragó también a él. Dentro de la tripa de la ballena, Geppetto y Pinocho se reencontraron. Y se pusieran a pensar cómo salir de allí. Y gracias a Pepito Grillo encontraron una salida. Hicieron una fogata. El fuego hizo estornudar a la enorme ballena, y la balsa salió volando con sus tres tripulantes. Todos se encontraban salvados.

Pinocho volvió a casa y al colegio, y a partir de ese día siempre se ha comportado bien. Y en recompensa de su bondad el hada buena lo convirtió en un niño de carne y hueso, y fueron muy felices por muchos y muchos años.

FIN

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Gummibär – CHO KA KA O

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